Colapso del relleno sanitario pone en riesgo la salud pública en Macas
Por Robinzon Rodriguez.- Desde lejos, una nube negra se levanta sobre el barrio Nuestra Señora del Rosario, en la ciudad de Macas. No es humo ni neblina. Al acercarse, la escena se vuelve más clara y más cruda: decenas de aves carroñeras sobrevuelan y se posan sobre montículos de desechos, en busca de alimento entre la basura que se deposita diariamente en el relleno sanitario de la capital provincial.
La imagen resume uno de los problemas estructurales más graves que enfrenta Macas: la gestión de los residuos sólidos.
Cada día, la ciudad recolecta alrededor de 30 toneladas de basura, que terminan en un relleno sanitario que colapsó hace cuatro años, pero que continúa operando mediante una celda emergente, la cual ya registra cerca del 50 % de su capacidad ocupada.
El tiempo juega en contra y el colapso total parece solo cuestión de meses.
A esta situación se suma un agravante mayor: el relleno sanitario se encuentra dentro de la zona urbana, en el barrio Nuestra Señora del Rosario, una condición que incumple la normativa ambiental vigente, más aún considerando el acelerado crecimiento poblacional que ha experimentado Macas en los últimos años.
Doña Rosa Livicura, moradora del sector desde hace más de 20 años, vive a apenas a 200 metros del relleno sanitario. Su testimonio refleja una realidad cotidiana marcada por los fuertes olores, la presencia constante de insectos y los problemas de salud que, asegura, han afectado primero a su familia.
Pese a la gravedad del problema, y cuando resta apenas un año y medio para que concluya la actual administración municipal del cantón Morona, el Departamento de Ambiente se encuentra recién en la gestión de recursos para realizar los estudios de un nuevo relleno sanitario.
Este proyecto estaría previsto en la parroquia San Isidro, comunidad El Edén, pero los terrenos aún enfrentan un proceso jurídico, lo que impide establecer plazos claros para la construcción de una obra que hoy es prioritaria y emergente.
A tan solo 20 minutos de distancia, en el cantón Sucúa, la realidad es distinta.
Allí, la administración municipal ejecuta la construcción de tres nuevas celdas para su relleno sanitario, con una capacidad aproximada de 30 mil metros cúbicos, lo que permitirá garantizar seguridad en saneamiento ambiental por un periodo de entre 6 y 7 años.
La obra responde al mismo desafío que enfrenta Macas: el crecimiento poblacional y el incremento sostenido de los desechos, pero con una planificación que apunta a la prevención y no a la improvisación.
Dos cantones vecinos, dos formas de enfrentar una misma problemática. Mientras Macas lucha contra un sistema que ya dio señales claras de agotamiento y que hoy afecta directamente a barrios urbanos, Sucúa avanza con obras que buscan anticiparse al colapso.
La basura, silenciosa pero constante, sigue creciendo al ritmo de las ciudades. La diferencia ya no está en el problema —que es común— sino en la capacidad de gestión y decisión para evitar que una nube negra termine convirtiéndose en una crisis sanitaria irreversible.






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