
La designación de nombres para nuestras calles, avenidas y espacios públicos es un acto de justicia histórica. Cuando honramos a una personalidad por sus méritos académicos, sociales o su servicio en la administración pública, no estamos simplemente rotulando una esquina; estamos definiendo qué valores queremos que las futuras generaciones emulen. Por ello, este proceso exige una investigación seria y la conformación de una comisión ciudadana de sabios y conocedores de nuestra trayectoria, que actúe con la misma voluntad de una Randimpa cultural, dejando de lado intereses familiares o compromisos políticos coyunturales.
Es lamentable observar cómo el Concejo Municipal ha abordado la propuesta de renombrar la calle Juan de la Cruz en honor a Joaquín Estrella Velín. Don Joaquín fue un hombre que, desde la Prefectura , la educación, como ex gobernador y ex Diputado y otros espacios, impulsó el desarrollo no solo del Cantón Morona, sino de toda la provincia. Limitar su nombre a un tramo de apenas dos cuadras para «cumplir» con la familia o no incomodar a una directiva barrial es, en el mejor de los casos, una falta de sentido común y, en el peor, una irresponsabilidad con nuestra historia. ¿Cómo explicaremos al visitante o al taxista que una arteria vial cambia de identidad a mitad de camino? La coherencia urbana es también una forma de respeto al ciudadano.
Si buscamos una verdadera reivindicación, Don Joaquín merece una avenida principal. Aunque lo ideal hubiera sido este homenaje en vida —como ocurrió con figuras como Don Washington Ricaurte—, la historia nos permite rectificar. Propongo, por ejemplo, que la actual Avenida Amazonas, un nombre que carece de la raíz específica de nuestra Esmeralda Oriental, sea renombrada en honor a este ilustre ciudadano.
Hagamos memoria: nuestra actual calle 24 de Mayo fue alguna vez el Camino Real. Ese espíritu de evolución debe continuar, pero con identidad local. Macas tiene una deuda pendiente con sus raíces: Nos faltan calles que nombren la Canela, el Huinchipo, la Chonta, la Guadua, el Ayampaco o el Arrayán. No tenemos rincones que honren a las upichidoras —aquellas mujeres que con su chicha sostenían el alma de la randimpa—, ni a los soldados macabeos que ofrendaron su vida, como Carlos Ramírez Jaramillo y el soldado Ushpa.
¿Qué significa para nosotros Hernando de Benavente frente a la herencia de los Macas, los Upano, los Huapula o los Shuar?. Es hora de que la ciudadanía se organice en una comisión permanente que rescate los nombres de los misioneros, los arrieros y los primeros pobladores que se quedaron para siempre en este valle.
Reitero mi convicción: personajes como Don Joaquín Estrella Velín, que forjaron el camino que hoy pisamos, deben ser reivindicados con la dignidad que su legado merece. Don Joaquín, usted se merece una avenida, no dos cuadras de silencio.




Deja un comentario